Capítulo 116 —El Rugido del Diablo
En cuanto el vehículo cruzó los portones metálicos de la clínica clandestina y los médicos salieron con una camilla de urgencia para ingresar al herido directo al quirófano, Dante se apartó hacia el pasillo de cemento de la entrada. Sus manos estaban completamente teñidas de la sangre de Enrico. Con los dedos temblorosos por la tensión acumulada y la furia contenida, sacó su teléfono y marcó.
Al otro lado del mundo, en el predio sudamericano del Diablo, la líne