La mañana se presentaba fría y gris como el ánimo de David, Jenna y Rachel, quienes se habían negado a salir de la comisaría, hasta tener una respuesta concreta. De todos modos, aunque estuvieran en casa, bajo las cálidas mantas de la cama, no podrían pegar ojo hasta que aquello estuviera resuelto.
David suspiró, poniéndose de pie y se encaminó hacia uno de los oficiales.
—Disculpe, ¿tendrá un cigarrillo? —preguntó. No solía fumar, debido a su condición cardíaca, pero, en ese momento, el estrés