Cuando Jenna y Rachel se sentaron ante unas de las mesas del buffet del hospital, lo hicieron cada una con una taza de café frente a ellas y la preocupación grabada en sus rostros.
—Jenna, cuéntame qué ha pasado —le pidió Rachel con voz ansiosa.
Jenna soltó un suspiro cargado de angustia, sintiendo como el peso de lo que había sucedido en las últimas horas caía sobre sus hombros.
—Pues, por lo que nos dijo el médico, a David y a mí, Noah, gracias a Dios, está estable; pero tuvieron que inducirl