Dos noches después, Jenna se encontraba sentada junto a la ventana del salón, mirando las estrellas con un libro sobre las piernas. Había intentado distraerse, pero no podía dejar de sentir un extraño nudo del estómago, pensando en el evento benéfico que David había organizado y al que ella no había asistido.
—No te preocupes —le había dicho David, con voz inexpresiva, mientras se acomodaba el moño del traje frente al espejo de la sala—, es solo una reunión de negocios. No es algo en lo que deb