Jenna, sentada en el asiento del copiloto, miró a David con una expresión de incredulidad. La frialdad con la que había respondido la había golpeado más fuerte que cualquier insulto.
«¿Registro Civil?», pensó Jenna con los ojos abiertos de par en par. ¿De qué diablos estaba hablando?
Su mente bullía, mientras sentía que la tensión que la envolvía casi podía cortarse con un cuchillo.
—¿Qué acaba de decir? —preguntó Jenna, unos segundos más tarde, con un ligero temblor en su voz.
David la miró de