CAPÍTULO 36 – Registro Civil.
Por un momento, Jenna dudó en responder, pero, consciente de que intentar ocultarse ya no era una opción, se adentró en la sala con la cabeza baja.
—Señor… —dijo en un susurro.
—Necesito que me acompañes —comenzó a decir David.
Jenna alzó la vista y frunció el ceño.
—¿A dónde, señor? —preguntó, tratando de mantenerse calmada—. Tengo que cumplir con mi trabajo. La cena…
—Olvida la cena y limítate a obedecer —ordenó David, mirándola fijamente con el ceño fruncido—. Ve ahora mismo a cambiarte, pon