Después de que Rachel se quedó dormida, Logan bajó las escaleras, refugiándose en su despacho. Cerró la puerta detrás de él, con suavidad, y, casi de inmediato, se encaminó hacia el mueble bar que se encontraba en una de las esquinas de la habitación. Con movimientos casi automáticos, se sirvió un vaso de whisky, y, con el frío vaso de cristal en la mano, se acercó al ventanal. Afuera, el jardín estaba envuelto en la más completa oscuridad, mientras la lluvia comenzaba a arreciar.
Rachel lo hab