Una hora más tarde, mientras Rachel se encontraba recostada en el sofá de la sala, con las manos sobre el vientre, dormitando de vez en vez, pero incapaz de dormir más de diez minutos seguidos, la puerta principal de la mansión se abrió de golpe y ella se puso rápidamente de pie, con las manos tensas por puro instinto, hasta que luego escuchó una voz familiar:
—Rachel, estoy en casa. —Era Logan, que había llegado antes de lo que ella había previsto.
—Estoy aquí, en la sala —respondió ella, trat