Logan, con el rostro endurecido por la rabia y la preocupación, salió disparado hacia el pasillo, con las pisadas resonando como un eco sordo que acompasaba su furia. Victor lo seguía de cerca, mientras varios policías corrían tras ellos, intentando mantener el ritmo. La adrenalina recorría cada fibra del cuerpo de Logan, alimentando su ira, su frustración, y el miedo a perder de nuevo el control sobre la situación.
—¡Allí! —gritó Logan, sin voltear, como si las palabras pudieran empujarlos a i