El silencio que siguió después de las palabras de Rachel fue ensordecedor. Joseph, parado detrás de Caroline, se quedó congelado al verla. Su rostro se tensó, lleno de sorpresa y de pánico. Nunca había imaginado que Rachel, la mujer que siempre había sido discreta y calculadora, y a la que siempre había considerado totalmente ingenua, aparecería así, en medio de su escondite.
Sin embargo, lo que más lo desconcertó fue la peligrosa calma en su mirada y el hecho de que estaba sola.
Caroline, por