La tensión que se apoderó de la cocina era tan densa que casi era tangible, mientras Rachel, incrédula, veía cómo Caroline avanzaba hacia Logan con los ojos llameantes. Vestía un costoso abrigo que, a pesar de su elegancia, parecía fuera de lugar. Sus zapatos de tacón resonaron en el suelo de mármol, un sonido penetrante que parecía el preludio de la tormenta que estaba a punto de estallar.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Rachel con voz tan firme como un muro de concreto. No había ni el má