Jane irrumpió en su apartamento hecha una fiera. Azotó la puerta con tanta fuerte que las paredes parecieron temblar. Ya estando dentro desató su ira.
Se frotó los labios con violencia, como si quisiera arrancar de ellos aquel beso. Un beso que en vez de convertirla en una heroína, terminó en humillación.
—¡Imbécil! —escupió, lanzando la cartera sobre el sofá.
Se quitó una a una las sandalias y las lanzó contra la pared Caminó descalza, como una fiera encerrada, derribando todo lo que encon