Un pensamiento improbable que tuve al conocer a Leah Brown era que nuestra relación llegase a este punto. ¿Cuál punto? Pues uno muy extraño en el que estamos compartiendo una caminata por el jardín de la propiedad familiar. Sé que si alguien me preguntase cuántas veces habíamos hecho esto, mi respuesta los dejaría incrédulos, pero era la verdad.
El paseo de hoy era el número diez, y es que el tiempo estaba pasando a una velocidad indescriptible. Tampoco es que me hubiese convertido en la mejor