CINCO MESES DESPUÉS…
El sol apenas había comenzado su ascenso, proyectando un suave resplandor sobre las relucientes superficies de la sala de conferencias. Michael golpeó su bolígrafo contra la mesa de caoba, la tensión ondeó en el aire como un preludio tácito al caos.
—No nos andemos con rodeos. —dijo Michael, con voz firme a pesar de la confusión detrás de sus ojos. —Estamos sangrando dinero y es hora de hacer un torniquete. Vendemos acciones o nos hundimos.
Un coro de descontento estalló en