Los pasos de Sebastián resonaron por los pasillos estériles del hospital, en marcado contraste con los sollozos ahogados y los susurros de seguridad que se alineaban en las paredes.
Su corazón latía contra su pecho, un compañero no deseado del rítmico pitido de las máquinas que vigilaban la fragilidad humana. Había dejado atrás a Ava, su presencia era un consuelo que anhelaba pero que sentía que no merecía en este momento de crisis familiar. Y lo ideal era que ella permaneciera alejada en esto