Alexandre estaba sentado en el borde de la cama de su habitación, mirando la ventana como si el horizonte pudiera ofrecerle algún tipo de consuelo. El yeso en su pierna lo mantenía atrapado, una cárcel física que reflejaba el estado de su mente.
A cada movimiento, la incomodidad se hacía más aguda, y la impotencia lo consumía poco a poco. La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por los débiles rayos de luz que se filtraban entre las cortinas. Todo en el espacio parecía estancado, co