Omar llegó al parque, su respiración aún agitada por la carrera frenética que lo había traído hasta allí. La brisa fresca de la tarde intentaba calmar el torbellino de pensamientos en su mente, pero la confusión y el miedo seguían presentes.
Necesitaba claridad, un momento de paz para poder ordenar sus pensamientos. Miró a su alrededor, observando los árboles y los bancos, y entonces, en medio de todo, sus ojos encontraron a Bastián jugando con su niñera.
El corazón de Omar se aceleró al ver a