—¿Nerviosa? —Samara levantó el rostro cuando Iván se sentó delante de ella en la oficina de su madre, ese viernes por la mañana.
Habían pasado algunos días desde que el abuelo había salido de la clínica y se había instalado en la mansión de André. Algunos de sus familiares se regresaron a Francia por petición del mismo, y ahora solo quedaban Francois, y René, porque Lucie también se había devuelto por su programa en la universidad.
No había un día en que Samara dejara de asistir, y aunque ella