Samara tapó su propia boca cuando André entró en ella con urgencia.
Sus sonidos quedaron ahogados en su palma, mientras sentía como sus pieles desnudas, podía friccionarse de una manera devastadora. Pero de un momento a otro, André le quitó la palma, y pegó su boca a la suya, hablándole lentamente sin detenerse en el acto.
—No te contengas… gime para mí… —Los ojos de Samara fueron a los suyos, pero no percibió algún arrepentimiento o vergüenza por lo que estaba haciendo. André literalmente le