Samara se removió en la cama de nuevo para posicionarse a su lado derecho, mientras otra lágrima cayó por su mejilla húmeda. Sentía que la cabeza iba a estallarle de tanto pensar, pero lo que más la tenía compungida, era esa sensación que no la dejaba respirar.
No sabía qué hora de la madrugada era, y no quería saberlo. Literalmente se sentía sofocada, con ganas de salir corriendo, sin saber a qué sentido, sin preocuparse qué diría su madre, o Hagar, Jalil o cualquier otra persona que pudiera r