Samara retrocedió varios pasos hasta que casi se cae a no ser porque André la retuvo rápidamente de un brazo. Su corazón le palpitaba muy fuerte contra su pecho, y sus labios, aunque querían una respuesta, no lograban articular palabra.
Una cosa es que estuvieran siguiendo un papel, pero otra muy diferente es que cruzaran la línea de lo irreal a lo posible.
—Que… ¿Qué estás diciendo? —su pregunta fue demasiado débil para su gusto, pero fue inevitable no sentir su garganta apretada por el momen