Capítulo 50. El mareo.
Emma Marín.
Aunque los días se sucedieron uno tras otro, para mí la vida seguía como paralizada, sentía como si el tiempo se hubiera detenido, y el dolor y la tristeza se alojaban en lo más profundo de mi interior.
Allí estaba sentada frente a una hoja de cálculo que parecía extenderse hasta el infinito, no es precisamente la idea que tengo de una mañana productiva. Miro fijamente la pantalla del ordenador, intentando hacer que los números tengan sentido, pero mi mente parece haberse ido de va