Capítulo 49. Entre risas y pequeñas lecciones.
Gabriel Uzcátegui.
Cuando llegamos a casa, su entusiasmo estalla como fuegos artificiales. Apenas abro la puerta, Sandra sale disparada como un cohete, recorriendo cada rincón como si estuviera en una misión de reconocimiento.
—¡Guau! ¡Papá, es grande! —grita desde la sala mientras yo dejo las llaves sobre la mesa y recojo su pequeño bolso.
La observo con una sonrisa que no puedo controlar. Es como un torbellino, tocando todo con sus pequeñas manos, explorando cada detalle como si fuera el tes