Capítulo 18. Entre sombras y esperanzas.
Emma Uzcátegui
Fuera, el aire de la noche es fresco, me muerde las mejillas y me recuerda que estoy viva, aunque parezca que me estoy desmoronando. Me quedo ahí, con las llaves en la mano, mirando la puerta de lo que solía ser nuestro santuario. ¿Y ahora? Es como entrar en la boca del lobo, cada paso que doy puede provocar más inquietud.
—Emma, entra. Habla con él —, me susurro, pero mis pies no se mueven.
Es como si hubieran echado raíces en el hormigón, anclándome a este lugar donde el dolor