—Tío Raymond —saludó Jennifer al abrir la puerta de su casa y ver a su tío, sin notar que a su lado estaba Linda, su mejor amiga. Verlo fue como un balde de agua fría para ella. Su presencia aquí sólo era un mal augurio.
—Es triste que me ignores, ¿sabes? —dijo Linda con los brazos cruzados, y Jennifer al fin reparó en ella. Abrió grandes sus ojos y se apresuró a saludarla.
— ¡Linda! —exclamó abrazándola.
— ¡Estoy tan feliz de verte!
— ¡Y yo! ¡Dios santo, estás divina! —Linda sonrió dando media