Franco, después de que contempló el refrigerador por varios minutos, donde sus lágrimas salían sin ser reprimidas; cerró la puerta de este y se secó el rostro con las manos, antes de encarar a su amiga y agradecerle por el detalle.
Meses atrás, aquello hubiera sido vergonzoso para él y su orgullo de hombre; pero en ese momento, le pareció un milagro del cielo y Daniela un ángel, que llegó a su vida para bendecirlo.
—Gracias... —repitió por tercera vez y se le lanzó encima, con un abrazo lleno d