Vuelcos.
Cuando Beatrice se adentra al refugio, siente que necesita gritar, golpear algo. Rara vez siente odio puro. Ese que quema y nubla la razón, pero ahora lo tiene.
Su amiga Karina se acerca, entre confundida y molesta por lo que acaba de pasar.
—Bea, necesitas respirar, por Dios...
La castaña lo hace, hasta que su cuerpo puede moverse sin sentir que podrá herir a alguien.
—Es una bruja —musita—. No sé qué le vio el tío Anthony. Dios mío. Estaría tan molesto por todo esto…
Karina le asiente, sabe d