JORDANO MACKENZIE
La mañana siguiente llegó rápido, y con el nuevo día, me desperté más feliz que nunca, porque la mujer que tengo al lado es a la que amo. Me acerco a ella y la beso en los labios, y ella hace un gesto.
—Buenos días, dormilón. Has dormido demasiado; ¿sabías que hoy es un nuevo día de trabajo?
Ella apenas abre los ojos, moviéndose lentamente y respondiendo entre suspiros.
—Por el amor de los santos, déjame dormir un poco más... Odio levantarme temprano.
Le quité la sábana para q