Jordano Mackenzie
Erick revisa a ese idiota de Christian, que yace en el suelo. Sinceramente, me importa un bledo si está bien o no; lo único que quiero es ir tras Ariadna.
—¿Cómo está ese bastardo? —pregunto impaciente.
Erick me mira y sacude la cabeza antes de asestarle otro puñetazo en el estómago, arrancándole un gemido patético.
—Bien. Nada de qué preocuparse.
—¿Por qué le pegaste otra vez? —digo, viendo al idiota retorcerse en el piso.
—Es sencillo. Si pensaba que podía enfrentarse a ti,