Jordano Mackenzie
—Jordano, en serio, basta ya con esa cara de tragedia. No puedes seguir así todos los días. Y suelta esa maldita botella, estás bebiendo como un loco. Son las once de la mañana.
Erick me regaña mientras se acerca a la botella, intentando quitármela.
—Déjala ahí, no me molestes, Erick. Tú no eres precisamente el ejemplo de la buena compostura, ¿eh? —respondo, arrebatándole la botella mientras me sirvo otro trago con movimientos exagerados.
—Pero yo no estoy bebiendo, Jordano. Y