Ariadna Thompson
Miro mi teléfono por décima vez esta tarde, con el corazón encogido al ver que todavía no hay mensajes de él. El nudo en mi garganta se aprieta, y aunque quiero ir a buscarlo, decirle cuánto lo siento, que estoy dispuesta a entender lo que sea que esté pasando… simplemente no puedo.
No me he cambiado de hotel, aferrándome a la absurda esperanza de que aparezca. Cada vez que un coche se detiene frente al edificio, mi pulso se acelera; pienso que es él, pero cuando baja alguien m