Samantha soltó una risotada, y trató de enfocar su azulada mirada en su esposo, frunció el ceño.
—¿Por qué cargas una niña igualita a mí? —cuestionó parpadeando.
Óscar carcajeó sin parar.
—Ojalá te pudiera grabar —refirió—, es tu hija —contestó.
Sam se llevó las manos al rostro y recordó a sus hijos.
—¿Y Oscarito? —cuestionó asustada—. Lo trajimos ¿verdad?
—Está en la habitación dormido —indicó—, voy a traerles agua —mencionó—, solo llevo a acostar a Norita.
Enseguida los tres se alej