Carlos Gabriel dibujó una mueca en sus labios.
—Qué gracioso, pero ahora voy a ver cómo atiendes al bebé y cocinas a la vez. —Cruzó sus brazos.
—Las mujeres de mi país, se colocan a los niños en sus rebozos y siguen con sus actividades —refirió con orgullo—, eso hago con mi chilpayate y continuo con mis actividades, lo único que me falta es amamantarlo. —Carcajeó.
—No es cierto, patrón —intervino Lupita—, si se la pasa encerrado con la señora Samantha, haciendo ruidos extraños en la habitac