Sam limpió sus lágrimas con el dorso de su mano, su corazón percibió paz, escuchar a su madre la liberó de un gran peso que llevaba acumulado desde el instante que se enteró de la forma en la que murió, sin embargo, su corazón no podía perdonarla aún, necesitaba asimilar todo, y tomarse su tiempo.
—Oraré por tu descanso —mencionó Sam. —¿Hay algo más que pueda hacer por vos?
Verónica asintió.
—Regresa con tu familia, vos demostraste ser diferente a mí, serás una gran madre, una buena esposa, vue