Óscar separó los labios en una gran O, presionó con fuerza sus labios.
— ¡No puede ser! —exclamó y sacudió su rostro—. Siempre serás su hija —enfatizó y la abrazó, haciendo una ligera presión con su cuerpo—. Tienes que hablar con tu papá —sugirió.
Samantha sollozó y se aferró a los brazos de su esposo, percibía su corazón fragmentado, y a la vez un profundo sentimiento de ira se apoderó de ella.
—¡Todo es culpa de Verónica! —gruñó agitada—, yo no puedo ser hija de ese criminal, eso no es pos