El aire aún estaba cargado de ese calor silencioso que queda después de una tormenta contenida, y en la habitación solo se escuchaba la respiración pausada de ambos, como si el mundo exterior hubiera dejado de existir por unos minutos demasiado intensos para ser ignorados, Renata permanecía recostada, con el cabello desordenado cayendo sobre sus hombros y la mirada perdida en algún punto indefinido del techo, mientras trataba de ordenar sus pensamientos que se deshacían cada vez que recordaba e