La suite presidencial permanecía sumida en un agradable silencio.
Las enormes ventanas permitían contemplar el mar extendiéndose hasta el horizonte.
El sol de la mañana iluminaba las paredes de mármol.
Todo parecía perfecto.
Lujoso.
Impecable.
Sin embargo, Claudia Vegetti no estaba contemplando el paisaje.
Sentada sobre uno de los sofás, sostenía su teléfono móvil entre las manos.
Sus ojos recorrían una y otra vez el mismo mensaje.
Una noticia.
Una sola noticia.
Y mientras más la leía...
Más di