—Tienes una autoestima muy alta, no eres mi tipo de hombre, entonces no te preocupes, no me enamoraría de alguien como tú.
Las palabras de Renata no fueron dichas con gritos, ni con dramatismo, pero tuvieron un peso preciso, exacto, casi quirúrgico, como si cada sílaba hubiese sido elegida para golpear en el lugar correcto, y lo logró, porque por un instante el ambiente cambió de manera imperceptible pero innegable, el aire se volvió más denso, más tenso, más cargado, como si incluso las pared