El vehículo avanzaba con suavidad, casi en silencio, como si incluso el mundo exterior respetara el momento que se había instalado entre ellos. La puerta del Mercedes Benz se había cerrado hacía apenas unos segundos, pero para Renata había sido suficiente para sentir cómo todo lo que acababa de vivir en el juzgado se asentaba en su pecho.
Entonces reaccionó.
Su respiración se volvió más consciente. Más pesada.
Y antes de que pudiera organizar sus pensamientos, una mano firme la atrajo.
Sebastia