El mar de Cancún se extendía infinito frente a ellos.
Azul.
Brillante.
Perfecto.
Como si nada en el mundo pudiera perturbar esa imagen. El sol caía sobre la arena blanca, reflejándose en las olas con una calma casi insultante. Todo era lujo. Silencio selecto. Exclusividad. El tipo de lugar donde las preocupaciones no existían…O al menos, donde se suponía que no debían existir.
Claudia estaba recostada en una tumbona, con unas gafas oscuras cubriendo su mirada. Su piel bronceada comenzaba a