El eco de la ciudad nocturna se deslizaba contra los ventanales del penthouse, pero dentro reinaba un silencio denso, casi incómodo. La luz tenue apenas iluminaba la figura de Antonio, quien permanecía de pie frente al cristal, con una copa intacta en la mano. No había bebido ni un solo sorbo. Su mirada oscura estaba fija en las luces lejanas, pero en realidad no veía nada.
Su mente estaba en otra parte.
En ella.
Siempre en ella.
El sonido del teléfono rompió aquel silencio pesado como una sent