Laurent
- ¡Esos dos! ¡Malditos sean, esos dos!
-Señor...
- ¡Déjame sólo!
-Pero señor... Su esposa está aquí.
-Dile que pase y que nadie nos interrumpa.
Judith salió rápido de mi oficina y ni siquiera me miró, ya hace días le había dado una paliza para descargar toda mi ira en contra de ese cuervo maldito y el gánster de pacotilla de su marido, pero se había aguantado, así que la premié con un nuevo auto, aunque ya no había ido a mi duplex para estar con ella.
Necesitaba salvarme de la investig