Epílogo del primer acto.
Narradora omnisciente...
—¿Y usted qué mierda hace aquí?— el maldito hombre al ver la cara de su preciada hija no supo qué decir, ¿Cómo le hablabas a una niña que ha perdido a su madre? O peor aún ¿Cómo le decías que eras su padre? En su mente daban vueltas un sinnúmero de ideas, desde llevársela de ahí y esconderla para que nadie la viera hasta enfrentar a su enemigo por la custodia de esa cría que lo miraba con recelo, pero no podía moverse. Había algo que lo detenía...
Los pasos firmes de un