CAPÍTULO 8
Bianca
No sé en qué momento me quedé dormida.
Recuerdo que las letras de la novela victoriana empezaron a bailar frente a mis ojos, mezcladas con el vapor del té de manzanilla que Lupe me había traído. Me había dejado caer sobre las almohadas de seda, con el libro aún abierto sobre mi pecho y la lámpara de la mesita de noche encendida. Él no había vuelto a la habitación.
Soñaba con el mar. Un mar tranquilo, azul, donde nadie me gritaba y donde no existían las deudas de juego.
Pero l