CAPÍTULO 41
Lupe
El silencio de la madrugada en la finca es mi momento favorito del día. Es el único instante en que las paredes no parecen tener oídos y puedo ser simplemente yo: la mujer que lo observa todo desde las sombras.
Me senté en la pequeña mesa de mi habitación de servicio, un espacio que mantengo humilde por pura disciplina, y saqué mi teléfono personal, el que no figura en los registros de seguridad de la mansión. Mis dedos acariciaron la pantalla antes de marcar. El dinero que Bia