Los pasos de Leonela resonaban en los pasillos pulidos del Hotel Esmeralda. Perdida en sus pensamientos, no vio al hombre que venía de frente hasta que chocó contra su hombro, el impacto sacudiéndola como un relámpago.
—¡Hey, idiota! —espetó una voz cortante, cargada de arrogancia.
Leonela alzó la vista, su corazón deteniéndose al reconocer a Paul, su antiguo prometido. Su presencia era un puñal reabriendo una herida mal cerrada. Con su traje impecable y esa sonrisa engreída que ella había odiad