El domingo, Víctor decidió aprovechar el último día del fin de semana para sorprender a Marina una vez más. La llevó a dar un paseo en barco por la bahía de Guanabara, un escenario donde el brillo del sol se mezclaba con la brisa fresca del mar. Marina, maravillada con la vista del Pan de Azúcar y el Cristo Redentor a lo lejos, se sentía como dentro de un sueño.
— De verdad piensas en todo, ¿no? — comenta sonriendo, mientras observa el reflejo del agua cristalina.
— Cuando se trata de ti, rubia,