Valeria sintió un alivio en su pecho. Había tenido miedo de que su relación se viera afectada por el estrés del trabajo, pero la pasión y la sinceridad de Daniel la tranquilizaban.
―Te amo, Daniel ―dijo ella, su voz suave pero firme.
Él se inclinó y le dio un beso profundo y significativo. En ese instante, el mundo exterior dejó de existir; solo quedaban ellos dos, rodeados por el murmullo del mar y el brillo de las estrellas.
De repente, Daniel se separó y sonrió con picardía.
―Hablando de obs