Aquella mujer de larga cabellera dorada como los granos de trigos y unos bellos ojos azules, con una personalidad dominante, sin mencionar la burbujeante seguridad que emana, turbó a la joven aspirante a secretaria y amante del Ceo.
Los ojos cafés de Celia observaban desde la distancia a la bella rubia que se abraza al brazo del hombre y por primera vez ve cómo el hombre sonríe feliz.
—Se le van a caer los dientes de tanto sonreír— murmuró enfadada y llena de celos por la llegada de esa mujer.