La convivencia con Alexandro había traído muchas sorpresas, pero Vanessa jamás imaginó que un día lo tendría descalzo, con el torso al descubierto y posando en medio de su taller improvisado.
Y todo por abrir la boca de más.
—No puedo creer que me hicieras esto —gruñó Alexandro, cruzado de brazos, mientras Vanessa ajustaba la cinta métrica alrededor de su pecho.
—Tú me pediste una semana más de plazo —respondió ella, con toda la inocencia del mundo—. Y yo te dije que necesitaba un modelo para t